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Dimensión Religiosa

No hace falta la fe para acceder a lo sagrado: alcanza con dejarse tocar por el misterio
A lo largo de la historia, todas las culturas han desarrollado formas simbólicas para expresar aquellas preguntas que acompañan al ser humano desde siempre: el sentido de la existencia, el sufrimiento, la muerte, la trascendencia o el lugar que ocupamos en el mundo. Las distintas tradiciones religiosas constituyen algunas de las expresiones más profundas de esa búsqueda y han ofrecido, durante siglos, marcos de significado, prácticas y comunidades que acompañan el desarrollo de la vida humana.
Hildegarda de Bingen, visión cosmológica, Liber Divinorum Operum, copia del s. XIII

Desde la perspectiva de la Psicología Analítica, Carl Gustav Jung propuso comprender esta dimensión desde el concepto de función religiosa. Con esta expresión no hacía referencia a la adhesión a una religión determinada, sino a una disposición constitutiva de la psique humana hacia la experiencia de aquello que se vive como trascendente, portador de sentido o numinoso.

Esta mirada no pretende reducir la religión a un fenómeno psicológico ni reemplazar el valor espiritual de las tradiciones religiosas. Por el contrario, reconoce que la psicología y la religión se aproximan a una misma experiencia desde niveles de análisis diferentes.

Christian Knorr von Rosenroth, diagrama de las Sefirot, Kabbala Denudata, 1677-1684

Mientras las religiones se ocupan de la relación del ser humano con la realidad última o con el misterio, la psicología se interesa por dar cuenta de cómo esa experiencia se manifiesta, se simboliza y participa en los procesos de transformación de la persona.

Al-Sayyid Lutfi, Molla Kasım y Ustad Osman (taller imperial otomano), mapa celeste, Zubdat al-Tawarikh de Seyyid Lokman, 1583. Museo de Arte Turco e Islámico, Estambul (TIEM 1973)

Mi interés por este campo surgió a partir del estudio de la Psicología Analítica y se profundizó durante el Máster en Diversidad Religiosa en un Mundo Globalizado (ReD Global), donde tuve la oportunidad de estudiar comparativamente las tres religiones abrahámicas y sus diferentes modos de comprender el desarrollo humano. Esta formación reforzó mi convicción de que las experiencias religiosas y espirituales constituyen una dimensión fundamental de la existencia y que su abordaje requiere un diálogo respetuoso entre la psicología, la filosofía, la historia de las religiones y las propias tradiciones espirituales.

En mi práctica clínica, este enfoque implica ofrecer un espacio donde las preguntas por el sentido, la vocación, los símbolos, las experiencias espirituales o las crisis existenciales puedan ser escuchadas sin reducirlas a una explicación exclusivamente psicológica, pero también sin renunciar a una lectura rigurosa de los procesos psíquicos que las acompañan.

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