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Hay momentos en nuestra historia que demandan un cambio, no sólo en las condiciones vitales, sino en el modo en que habitamos nuestro propio ser.

Este trabajo se ocupa de ese movimiento. La transformación psicológica no consiste en convertirse en otra persona, ni se agota en lo mental o anímico. Es un proceso gradual de integración que compromete al ser en su conjunto, incluyendo al cuerpo y al espíritu, y que se juega en reconocer lo que se mueve por debajo de la conciencia, dar forma a aquello que todavía no tiene palabras, permitir que emerja un modo más propio de estar en el mundo. Aquí la psique se entiende como una realidad viva y no como un conjunto de síntomas: los sueños, las emociones, el cuerpo y las preguntas de sentido no son problemas aislados, sino expresiones de un mismo despliegue.

No hay una dirección única ni una técnica que la garantice: cada persona la recorre de un modo distinto. Moverse de la confusión hacia una mayor coherencia, de la fragmentación hacia una mayor unidad, de la adaptación hacia una participación más consciente en la propia vida. El trabajo consiste en acompañar ese recorrido y no en imponer un rumbo.

Siete puertas

Habilitan modos distintos de acercarse a lo mismo: eso que en cada persona pide ser reconocido. No conducen a un mismo lugar, ni requieren afinidad con todas. Cada persona reconoce la que le resulta propia.
El trabajo psicológico ha demostrado ser fundamental para el desarrollo del ser humano en el mundo actual. Resolver problemas concretos de la vida cotidiana es, sin duda, uno de sus objetivos centrales — pero cada escuela de psicología reconoce que hay otras dimensiones del desarrollo humano que van más allá de lo personal y lo material, por indispensables que estos sean.
El ser humano ha desarrollado, a lo largo de la historia, diversos lenguajes simbólicos para representar y comprender la experiencia interior y expresar dimensiones de la existencia que difícilmente pueden ser captadas únicamente por el pensamiento racional.
A lo largo de la historia, todas las culturas han desarrollado formas simbólicas para expresar aquellas preguntas que acompañan al ser humano desde siempre: el sentido de la existencia, el sufrimiento, la muerte, la trascendencia o el lugar que ocupamos en el mundo. Las distintas tradiciones religiosas constituyen algunas de las expresiones más profundas de esa búsqueda y han ofrecido, durante siglos, marcos de significado, prácticas y comunidades que acompañan el desarrollo de la vida humana.
Viajar nunca fue para mí una forma de alejarme de la vida cotidiana, sino una manera de regresar a ella con una mirada diferente. De encontrarme, una y otra vez, conmigo misma.
En las últimas décadas, las neurociencias han transformado profundamente nuestra comprensión del ser humano. Hoy sabemos mucho más acerca de cómo la experiencia moldea el cerebro, de qué manera el sistema nervioso participa en nuestras emociones, nuestras relaciones y nuestros procesos de cambio, y de cómo el cuerpo forma parte de toda experiencia psicológica.
El cuerpo es mucho más que aquello que habitamos. Es el territorio desde el cual experimentamos el mundo y, al mismo tiempo, una forma de conocimiento en sí mismo. Habla en un lenguaje anterior a las palabras: a través de sensaciones, ritmos, tensiones, movimientos y silencios. Aprender a escucharlo es reconocer algo que rara vez llega a hacerse consciente, pero que nunca deja de estar ahí, sosteniendo lo que somos.
Los animales ocupan un lugar singular en la experiencia humana. Desde los comienzos de nuestra historia han sido compañeros de camino, símbolos, maestros silenciosos y presencias capaces de despertar dimensiones de sensibilidad que difícilmente emergen en otros vínculos. Compartir la vida con un animal significa encontrarse con otra manera de habitar el mundo, de percibir el entorno y de entrar en relación con la vida.
El trabajo psicológico ha demostrado ser fundamental para el desarrollo del ser humano en el mundo actual. Resolver problemas concretos de la vida cotidiana es, sin duda, uno de sus objetivos centrales — pero cada escuela de psicología reconoce que hay otras dimensiones del desarrollo humano que van más allá de lo personal y lo material, por indispensables que estos sean.
El ser humano ha desarrollado, a lo largo de la historia, diversos lenguajes simbólicos para representar y comprender la experiencia interior y expresar dimensiones de la existencia que difícilmente pueden ser captadas únicamente por el pensamiento racional.
A lo largo de la historia, todas las culturas han desarrollado formas simbólicas para expresar aquellas preguntas que acompañan al ser humano desde siempre: el sentido de la existencia, el sufrimiento, la muerte, la trascendencia o el lugar que ocupamos en el mundo. Las distintas tradiciones religiosas constituyen algunas de las expresiones más profundas de esa búsqueda y han ofrecido, durante siglos, marcos de significado, prácticas y comunidades que acompañan el desarrollo de la vida humana.
Viajar nunca fue para mí una forma de alejarme de la vida cotidiana, sino una manera de regresar a ella con una mirada diferente. De encontrarme, una y otra vez, conmigo misma.
En las últimas décadas, las neurociencias han transformado profundamente nuestra comprensión del ser humano. Hoy sabemos mucho más acerca de cómo la experiencia moldea el cerebro, de qué manera el sistema nervioso participa en nuestras emociones, nuestras relaciones y nuestros procesos de cambio, y de cómo el cuerpo forma parte de toda experiencia psicológica.
El cuerpo es mucho más que aquello que habitamos. Es el territorio desde el cual experimentamos el mundo y, al mismo tiempo, una forma de conocimiento en sí mismo. Habla en un lenguaje anterior a las palabras: a través de sensaciones, ritmos, tensiones, movimientos y silencios. Aprender a escucharlo es reconocer algo que rara vez llega a hacerse consciente, pero que nunca deja de estar ahí, sosteniendo lo que somos.
Los animales ocupan un lugar singular en la experiencia humana. Desde los comienzos de nuestra historia han sido compañeros de camino, símbolos, maestros silenciosos y presencias capaces de despertar dimensiones de sensibilidad que difícilmente emergen en otros vínculos. Compartir la vida con un animal significa encontrarse con otra manera de habitar el mundo, de percibir el entorno y de entrar en relación con la vida.

Bio

Un recorrido que empezó a muy temprana edad, entre el arte y lo espiritual, y que encontró en la Psicología Analítica de Jung y el simbolismo astrológico un lenguaje propio. Después de más de una década en el mundo corporativo, ese camino encontró el rigor académico sin perder la sensibilidad que lo originó.

Frase del día

“Un fracaso no siempre es un error; puede ser, sencillamente, lo mejor que uno puede hacer dadas las circunstancias. El verdadero error es dejar de intentarlo.”
B. F. Skinner

Secciones

Conversaciones

Cómo generar mejores relaciones.
Entendiendo e interpretando las señales del cuerpo.
Una conversación que muestra porqué los animales son superiores a los seres humanos.

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